La jornada fue emotiva pero menos tambaleante que otras. En el Comité radical no volaba una mosca, y si caía un alfiler, todos preguntaban qué pasó. Era la tensa calma que antecede al temporal, pero el temporal fue de primavera y florecieron abrazos, risas, cantos y festejos.
Hacía unos días que Javier Olaeta, quien no suele ser desmedidamente optimista, se mostraba confiado. “Estoy tranquilo, la calle me dicen que estamos bien”, me había dicho el día anterior.
Llegado el momento del recuento de votos todo parecía normal, algunas cábalas como el surco que Olaeta hace caminando de punta a punta del salón principal del Comité. Mauro Bóveda sentado en la mesa central, con la planilla de datos, un blackberry y los puchos. Los chicos de la Juventud ansiosos y expectantes de cualquier dato útil. Los radicales más tradicionales ocupando las otras salas, las familias haciendo el aguante. Y los periodistas, algunos obligados a sentarse en la misma posición por cábala, pidiendo silencio mientras tratan de informar a la población los resultados de los comicios.
Los primeros resultados que llegaron fueron los de la mesa de extranjeros: 22 la Tana 25 Olaeta, dijo Mauro. Alegría, pero tranqui, son los extranjeros. La siguiente mesa fue la número 21: 96 votos Tana, 131 votos Olaeta. Explosión de gritos instantánea, euforía reprimida que pedía a gritos salir y salió. Y esa misma reacción ante los resultados se siguió dando mesa tras mesa, con amplia ventaja en cada relevamiento extraoficial pero confiable que llegaba vía celular al oído de Mauro.
Tras las primeras 7 mesas las caras de los radicales habían pasado de tensión y arrugas en la frente a guiñadas de ojos y una tranquilidad rara, como dijo Mario Zaccaría al aire: “Como si fueran ganando 2 a 1”.
Pero los goles siguieron y se festejaron como la final de una Copa Libertadores. Cada mesa ampliaba la ventaja. Un llamado al celular de Olaeta se filtró misteriosamente como rumor, se decía que los peronistas ya confirmaban su derrota. Nadie festejaba, pero las caras lo decían todo.
El clima se distendió y fue una rutina corta porque a las 19.30 hs., 30 minutos después de empezado el conteo, prácticamente ya se sabía que Javier Olaeta era el nuevo Intendente de Arrecifes.
El Comité se transformó en una verdadera fiesta, los periodistas gritaban: -¡¿Hola, hola, me escuchan?! Nadie podía trabajar en ese ambiente de algarabía y felicidad desmedida.
Un oso corajudo decidió subir a Javier Olaeta sobre sus hombros, y lo logró.
La desesperación consistía en abrazar al vasco Olaeta, el “negro” para la mayoría de los presentes.
Nadie pasó a saludar cuando me jui de la estancia decía Larralde, linda frase para recordar que ninún Di Palma pasó por el Comité a saludar.
Sí estuvieron Jorge Eterovich y Sebastián Reigosa.
El negro Olaeta salió al balcón a saludar a los cientos de votantes que le confiaron el destino de la tierra en la que nacieron. Y básicamente Olaeta les agradeció y les prometió trabajar duro.
Ese vasco porfiado pero corajudo que hace 8 años se bajó de una cosechadora, alentado por compañeros de ruta tras el reclamo del campo al kirchnerismo, hoy saludaba desde el histórico Comité radical, convertido por 4 años en el hombre más importante de la política local. Su hija le sacaba fotos y se secaba las lágrimas, imaginando que esa casa radical que hoy exhibe orgullosa en su remera, algún día tendrá el cuadro de su padre colgado en una pared.
¡Felicitaciones pichi, lo mereces!
