Foto: Chino Nuñez
Foto: Chino Nuñez

Oficio, experiencia, sabiduría. Todo eso que se adquiere después de estar en la misma situación repetidas veces. Esa es la razón por la que Villa está en la final de los play off y Todd deberá ver el encuentro decisivo desde la tribuna. Es cierto que El Canario  mereció que sea al revés. Fue el que llevó el peso del partido, el que tuvo la valentía de hacerse cargo de la pelota. Pero las finales la justicia la mira cruzada de brazos.

En su primer tiempo, el partido fue monótono, algo aburrido por momentos y con algunos chispazos de inspiración que lo pusieron a Todd más cerca del gol. Un buen desborde de Tiverón, de buena producción, un remate de Calderón con destino de festejo que se entreveró en piernas rivales, un cabezazo de Carusillo buscando el segundo palo, una llegada profunda de Martell que desactivó Díaz. Sin embargo lo más importante fue la lesión de Diego Déramo, el volante que compensa, el que da el equilibrio. Y se notó más aún en el complemento. Porque Pardo, uno de los jugadores más inteligentes de este fútbol que vive de arrebatos, se llevó a Lamperti a pasear por toda la cancha: lo juntó con los centrales, lo acostó contra las líneas y manejó el partido con y sin la pelota y pagó de su bolsillo los pasajes a la final con dos goles.

Antes, Balbi fue a buscar antes que todos un centro desde la derecha y de pique al piso venció al uno amarillo. Así Villa se sacó de encima 15 minutos de agobio en los que Todd convirtió el área rival en un paredón de fusilamiento pero todos los intentos salieron echando humo contra los palos, dieron en el travesaño o rebotaron en la humanidad de algún Villero. En consecuencia, los de Carbajales sintieron la frustración de ir y no conseguir nada. Duarte no fue solución, González menos.

Entonces apareció el 10: pisada y pase para Minucci, Leo Carusillo se interpuso con una gran atajada pero en el rebote volvió a aparecer Pardo y venció la resistencia adversaria que minutos después demostró ya no tener fuerzas y en un error infantil le permitieron al crack Diablo convertir el tercero. Antes había descontado Tiverón agilizando una pelota parada y sorprendiendo a todos pero la peli la dirigía Villa y de suspenso ni hablar.

Pasó el lobo

Foto: Chino Nuñez
Foto: Chino Nuñez

En el primer cruce, Obras y Sportsman generaron un desarrollo dinámico, con buen ritmo. Lindo partido, con las ansiedades lógicas de un encuentro definitorio. Y Obras fue más. Sobre todo en los primeros 25´minutos en los que contó con un Lette preciso y despierto, la frescura de Fernández y la contundencia de Zabala. El 9 facturó en la primera que tuvo, definiendo a pie abierto cuando se jugaban 16′.

Hasta el empate de Sportsman a los 30′ después de una enorme acción colectiva entre Díaz, Fernández, Zserdi y definida por Pavone, El Azulgrana contó con otras cuatro claras para ampliar la ventaja. Pero tras el empate, Suigo y Blanco, también responsables del buen momento de los de Barrio Las Flores, dividieron más de lo que generaron y el partido se quedó sin un dominador. Noir y Brigatti se fueron antes a las duchas por guapearse como en los recreos de la primaria.

En la segunda mitad, ninguno de los dos supo adueñarse del partido y entre el deseo de ganar y el miedo a perder intercambiaron algunos golpes sin convinción. Tute Fernández tuvo la victoria después de una escapada a pura velocidad pero le faltó serenidad en la definición. Del otro lado, parecía que la llave la tenía Szerdi, pero su habilidad indescifrable (se llevó los aplausos de todo el estadio por una fantasía de otra galaxia) no obstante sin compañía terminó sin poder concretar todo lo insinuado.

Así se fueron apagando los dos hasta los penales, instancia en la que Rubio le puso las manos a los disparos de Zabala y Blanco (antes falló Busto) y con las conversiones de lago, Díaz y Szerdi, Sportsman se adjudicó el derecho a la final de la Liguilla.

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By Minuto Arrecifes

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