La ciudad se sintió tocada por la desgracia ajena, y decidió ayudar. Eso que se llama solidaridad, dar sin esperar nada a cambio.

Muchas instituciones abrieron sus puertas y encendieron mecanismos improvisados de ayuda a los damnificados por las inundaciones que sucedieron en La Plata, Gran Buenos Aires y Capital.

Las donaciones recibidas en la gran mayoría de los centros abiertos a tal fín superó cualquier expectativa, tanto que finalmente hicieron falta colaboradores para clasificar la mercadería y la ropa, tal como solicitaban desde los centros de ayuda platenses y porteños.

Los gremios UEBA y SUTEBA, el comité de la UCR, la Peña de Boca Junior, FM Siempre Nuestra (Juventud Socialista), el Registro Civil, el Colegio Santa Teresita, el Club de Leones, los jugadores de Ñandú Rugby y seguramente otros lugares más que abrieron desinteresadamente sus puertas para colaborar.

También observé las importantes donaciones de La Gauchita. No conozco personalmente a sus responsables, pero los felicito por el gesto.

Párrafo aparte para la señal de solidaridad la dieron los 135 dadores de sangre que se ofrecieron para ayudar a Macarena Ceniza, la joven arrecifeña que sufrió quemaduras en su cuerpo y necesita 80 dadores de cualquier tipo y factor.

Como en toda situación límite, las circunstancias llevan a que aflore lo mejor y lo peor de cada uno. En estas líneas simplemente quiero rescatar lo bueno, porque quedé gratamente sorprendido por la cantidad de mercadería y ropa que se logró juntar.

Tal es así que quienes pensaban contratar fletes debieron buscar camiones, ya que los bultos se contaban por decenas y decenas.

Ojalá este acto de amor lo traslademos a cada una de las actividades y tareas que desarrollamos diariamente, sin duda estaríamos mejor.

Bien vecinos, así se hace!

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By César Fiscina

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