
Pasaron más de 15 minutos de show y las casi dos mil personas que hay en el Club Centenario no paran de saltar y cantar pese a los más de 40 grados con los que se está cerrando la noche del viernes, hasta que sale a la cancha una de esas que son festejadas coreando el solo de guitarra de Santiago Butler. Está sonando «De Atar» y es como una explosión en el alma cancionera de la gente que estaba prendiéndose fuego de a poco desde «Calle Adicción», «Soldado de Plomo», «El Primero» y «Buenas Mascotas», los cuatro tracks iniciales de Erase, el disco que La Vela está llevando de gira desde hace poco más de seis meses y que en Argentina fue presentado en el Luna Park y con los que abrió su set.
«Sobre la Sien» y «La Teoría», dos de «Piel y Hueso» (2011) mantienen la llama mientras los uruguayos siguen explorando su placa de estreno con «¿Ves?», «Habeo» y «La Madeja». La lista no da respiro, los intervalos no existen, apenas un descanso mientras la luces se apagan y se vuelven a encender, tomar aire y seguir. La Vela está ajustada, ajustadísima. Es potencia, vigor, es una banda de rock que se cambia la pilcha y el ska y el reggae le quedan pintados. Sebastián Teysera ya no luce como ese payador pseudo punk, como ese trovador que dice más que lo que canta. Mas en plan Eddie Vedder, se aferra al micrófono y desde ahí suelta frases de bandera, sus letras son pintadas en los paredones de la vida de cualquiera. A su lado, Cebolla Cebreiro bailotea como un payaso desquiciado, fuerza y corazón. Ambos apoyados en ese frontón de vientos que son finos y sutiles en las de fogón y una bestia enfurecida que muestra los dientes cuando llegan «Clarobscuro», «Doble filo» y «Va a Escampar».
Con «Canción para Uno» y «La Vuelta al Sol» empieza el final, un largo epílogo a puro clásico, apelando a «De Bichos y Flores» y «A Contraluz» como baúles de recuerdos que se cantan con sonrisa de foto y la nostalgia transpirando la camiseta. «Por la Ciudad», «Haciéndose pasar por Luz» y «Rebuscado», tres golpes al mentón. El banquito para recuperar y salir con todo al último round en el que «Mi Semilla» resultó una caricia. «Zafar» un intercambio de manos con la emoción y «Llenos de Magia» más «El Profeta» el abrazo final entre dos, la banda de arriba y la banda de abajo, que dejaron todo para que este paso de La Vela Puerca por Pergamino sea resistente al olvido.
«Gracias por las voces, gracias por aguantar nuestras cabezas y gracias por el amor»
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Fotos exclusivas de Diego Muñoz para Minuto Arrecifes
