Las condiciones electivas, muchas veces postergan los cambios. La ley electoral vigente, funciona a la medida del poder, generada para mantener lo establecido y por otro, filtrar y dejar sin alternativas, a las propuestas y corrientes de opinión diferenciales.
Un sistema electoral en donde quien marca las cartas, cuenta con un poderío desmedido en lo económico y en recursos mediáticos para que nada cambie.
En un programa conducido por Alejandro Fantino, el conductor santafesino, se preguntaba si era necesario gastar tanto dinero en una campaña para instalar un precandidato en las PASO, para luego derivar en la nada, reduciéndose esa intención en tantos mensajes publicitarios. En esa pregunta, que en el caso de Fantino, uno no sabe si finge ingenuidad o hace gala de una aguda inteligencia, su acompañante en la conducción, le explicó que este sistema electoral actúa como parte de un negocio que alimenta el negocio de ambos, y precisamente son estos grandes medios los que alientan de la mano del poder, (sea particular o del gobierno) que este sistema siga existiendo.
Existiendo en condiciones proporcionadas a sus intereses, donde la voz es orientada intencionalmente por los especuladores de opinión, que van desde el merchandise, encuestadores y medidores de opinión, que hace que el ciudadano sea un oyente de los Zuleta Puceiro, Rosendo Fraga, Ricardo Rovier, Durán Barba, Artemio Lopez y cuanto opinador procure el poder.
Este sistema electoral, hace del ciudadano un mero espectador, en donde debe permanecer inmóvil, aturdido de manejos no visibles, esperando el momento de OPTAR, entre los que ELLOS, ya ELIGIERON.
Un modelo electoral que permite el transplante de candidatos de acuerdo a sus especulaciones permitiendo que una vice jefa de gobierno de la Capital sea candidata a Gobernadora en la provincia, burlando la debida propiedad territorial, o quien aspire a un cargo también aspire a otro en el caso de no alcanzarlo.
Donde el gobierno burla el derecho a ser elegido, por el determinismo de las mediciones, algo que en tiempos Socráticos, se traduciría al mandato divino de los Dioses de la encuesta. Y si viviéramos en el siglo xv debiéramos acatar el mandato divino de los reyes.
Lo cierto es que esta casta de sostenidos por este sistema, este microcosmos político cultural, es el que el habitante debe sostener, con su tiempo y su paciencia, en una serie de caprichos sin límites, y en donde ellos, siguen eligiendo ser parte de un elenco, al que le cabe cualquier papel.
Es preocupante que después de mas de treinta años de democracia, nuestro país haya copiado un sistema electoral, proveniente del mas decadente y nefasto imperio del planeta con el agregado de mañas y ventajas propias de nuestra picardía.
Donde las asambleas, tribunas y debates partidarios van siendo reemplazados por las encuestadoras, las mediciones y el “amperímetro”.
Lejos quedaron los partidos políticos, que mas allá de sus deficiencias, contaban con ciertas definiciones. Hoy, estos en su propósito agregativo y lejos de integrar, pasaron de las coaliciones, a las alianzas, de estas a los Frentes y de estos al modelo y del modelo al proyecto. Un pasamano donde la palabra pierde sentido, a tal punto que ha generado un espacio muerto en donde la voluntad ciudadana no tiene lugar.
MARCELO PEDRO BIANCHINI DNI 14.710.972
