Foto: Fotografia Creativa Seba Junquera

Como me gustaría ser Osvaldo Soriano, realmente. Podría describir detalladamente hasta lograr un libro con la imagen de esa pareja en Perón y Lavalle que se iba llorando de su casa. Y contar con las palabras justas que perdieron todo lo que habían comprado hace poco. Se habían casado. Tenían planes. Ahora arrancan de cero.

Podría hacer un cuento realista y atrapante de los vecinos que dormían arriba del techo, para cuidar que nadie les robe lo poco que tienen. Contar lo que me contó uno de esos vecinos, que sí veía policías recorriendo en bote, y vecinos arriba de otros techos, el resto fueron sólo para la foto. También, me decía este vecino, se veían con el resplandor de la noche unos botes que silenciosamente remaban en busca de algún televisor, un DVD, o alguna otra porquería que se pueda robar.

A ese relato incluso le pondría el mismo título con el que Soriano describió con maestría nuestra Argentina en uno de sus libros: Una sombra ya pronto serás.

Me gustaría ser Fontanarrosa para elegir la puteada exacta a utilizar en los párrafos que cuenten los diálogos que escuché entre enojadísimos  vecinos inundados y los otros que paseaban a chusmear en camión, en cuatro por cuatro o hasta algunos que fueron a chusmear en kayac. Esos extremistas de la vuelta al perro que no pudieron con su fanatismo y fueron a ver cómo luce un inundado, sin necesidad de bajar la ventanilla de su improvisado auto a remo, para apreciar en vivo y en directo cómo sufrían los que estaban tapados de agua. Sin dudas el genial rosarino hubiera sabido elegir la puteada exacta para que el lector reviva ese contexto.

Cómo quisiera ser Eduardo Sacheri, para escribir un cuento con esos diálogos tan de a la vuelta de la esquina. Tan reales como ese intercambio de 3 ó 4 palabras que se dio entre un flaco que insistía con barrer barro, hecho sopa, con el jean adentro de las botas y la vena que le explotaba; y ese funcionario elegido por el pueblo que pasó en su 0 KM, escuchando música, y sin aminorar la marcha le dijo: -¿Todo bien? El vecino respondió con el dedo gordo para arriba, onda iconito de whatsapp. Por no mandarlo a la puta que lo parió, obvio.

Como quisiera ser Osvaldo Bayer, para filmar una películas que inmortalice esa escena en la que los vecinos obligaron a Scioli a salir rajando. Una película con valor histórico, que refleje las décadas y décadas sin una mínima obra de infraestructura hídrica que permita evitar inundaciones. La modernizaría con todas las pelotudeces que se leyeron en las redes sociales que, párrafo aparte, día a día nivelan hacia abajo nuestro nivel sociocultural.

Eduardo Galeano, si viviera y quisiera, escribiría la mejor metáfora posible sobre eso de que la lluvia que cae del cielo es un desastre ambiental, o un capricho de la naturaleza o un fenómeno climático inevitable. Pero la corrupción y los millones de pesos que nos sacan en concepto de impuestos cuando cargamos nafta y debieran ser utilizados en obras hídricas no, esos no son desastres gubernamentales ni caprichos de nuestros representantes ni fenómenos de la mejor ingeniería económica puesta al servicio de chorros de guantes blancos.

No soy Soriano, ni Sacheri, ni Fontanarrosa, ni Bayer, ni Galeano. Pero tampoco soy un gil ni lo son los más humildes y trabajadores vecinos de esta hermosa pero vapuleada Arrecifes.

Y lo demostramos cuando fuimos a votar y elegimos la mejor opción entre las opciones que había.

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By César Fiscina

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